Me gustan los gatos. Su elegancia y falta de servilismo y forma de demostrar cariño. Cuando quieren atención la piden sin pena y cuando no, se van sin esfuerzo. Uno sabe que es querido, pero que ese cariño no es asfixiante y que convive con otro ser que tiene gustos propios. Ahora también tengo perros.
Tengo unos años de escuchar y leer acerca de cómo comienzan a ser nuestras mascotas, la evolución conjunta y la comprensión entre especies. La historia especulativa es fascinante. Y no encuentro mucha diferencia en el trato con mis gatos, salvando el tamaño.
De tener perros he aprendido que es mejor tratarlos como seres con personalidad y deseos propios. No son humanos, distan mucho de eso. Pero tampoco son muñecos sin voluntad. Los trato como me gusta. Y a ellos también.
