Hay una diferencia entre lo que quiero y la expectativa y la experiencia. Qué poco puedo diferenciarlo a veces. Quiero todo. Siempre. Tal vez porque sólo sé darlo todo.
Resulta que no hay que hacer eso, porque uno se queda vacío. Hay cosas que no se multiplican. Una vez se entregan, se acaban. Pero los deseos siempre están.
Luego, las expectativas sólo sirven para decepcionar. Porque esperamos sin articular. Eso no es válido.
Ahora, en este momento, sólo quiero no desear, pero sí recibir paz. Y esa sólo viene de adentro.
