Las cosas en común

Tuvimos un almuerzo con los amigos del karate. Invariablemente hablamos de las experiencias compartidas, de las cosas que se acuerdan nuestros compañeros de más edad, de lo que vamos aprendiendo. No conozco mucho de las vidas personales de algunos, pero les conozco cómo se paran al avanzar en un golpe y cómo se sienten sus huesos contra los míos cuando entrenamos.

Armamos tribus con las personas que coincidimos y, en las relaciones más personales, el secreto es que esos puntos de intersección sean más y más seguidos. Nunca vamos a estar juntos en todo, pero sí en las cosas importantes. La cosa se jode cuando cada uno agarra por su lado y quedan pocos nudos qué unirnos.

Se vale tener muchas tribus con las diversas actividades y saber que cada una cumple un propósito. Se vale también que uno vaya perdiendo el interés y se mueva hacia otro lado. Algunas relaciones tienen un propósito y no es el fin del mundo si se acaban. Y se vale que uno activamente busque recuperar cosas en común con las personas a las que uno quiere, no importa cuánto haya estado alejado. Los caminos tienen desvíos, pero si conservan un destino común, terminan volviendo a unirse.

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