Hay cosas que prefiero hacer. Cocinar, por ejemplo, es una preferida. Aún la comida de todos los días me gusta. Tal vez porque me gusta tanto comer y que sepa a lo que quiero. Hay otras cosas que quisiera no hacer. Como lavar la ropa. Aunque al momento de estar metiendo y sacando ropa de la lavadora y ver la transformación sí sea satisfactorio.
No nos tiene que gustar todo lo que hacemos. Creo que, de hecho, la mayor parte de nuestra vida nos la pasamos en actividades que no tienen mayor impacto emocional. Ese sólo viene en momentos agudos y de eso nos acordamos. Por ejemplo (espero), no pasamos horas enteras enojados en el tráfico, aunque sí lleguemos a desesperarnos por momentos. Si uno se fija atentamente que las emociones son pasajeras, puede continuar con la tarea sin sufrir.
No me fascina lavar ropa. Pero lo hago y cuando termino, encuentro satisfacción. Ya está todo limpio, oloroso, doblado. Siento que alcancé algo. Hasta que recuerdo que me toca planchar.
