La importancia de ser leve

He creído siempre que mi maternidad debe pesar. Que mi trabajo es corregir, llamar la atención, poner límites. Todo eso requiere menos sonrisas de las que podría ponerle a mis días y no es sorprendente que termine más cansada cada vez.

Claro que hay que moldear, los niños no deben crecer como animalitos salvajes. Es más, hasta ellos tienen reglas qué seguir. Pero quisiera enseñarles con menos cara de enojo. El problema es que no sé bien cómo. Es una línea fina entre ser relajada y ser permisiva y ahora en la mañana de domingo estoy pensando cómo disciplinar a la niña que hizo algo que no debía.

No hay respuestas universales. Ni siquiera sirve lo mismo mañana que funcionó ayer. Porque todos cambiamos, los niños más. Tal vez puedo comenzar por enfocarme en lo que sucede en este momento y no acumular lo anterior. Así le pongo el peso justo a la situación. Y también puedo tratar de sonreír más.

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