La importancia de lo frívolo

Recuerdo haber cortado con un novio que cuando me cortó me devastó. Y llorar, y llorar. De esas tragedias adolescentes que deshidratan de sólo rememorarlas. Y también recuerdo haber reído con mi mamá, aún con las lágrimas en la cara, hasta ya no saber si estaba triste o no.

Es muy fácil sumirse en la gravedad de un asunto doloroso. Quedarse en el fondo del lago de las cosas “importantes” y ahogarse. Tendemos a ponerles puntos brillantes de atención a nuestros momentos oscuros para poder regresar a ellos y sentir la desgracia.

Encontrar cómo reírse, no sólo en la tragedia, sino de la tragedia misma, es la llave que suelta las cadenas. Últimamente me había costado. Tal vez me hacía falta con quién hacerlo. Pero en esta última “tribulación” he sacado un par de chistecitos que me han ayudado a no quedarme hecha un ovillo en mi cama. No sirvo de nada allí. Y sí puedo seguir adelante con la cara indecisa entre las lágrimas y la risa. No es tan atractivo como una expresión de tragedia, pero definitivamente es más saludable.

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