La felicidad de limitarse

Percibimos que existimos porque lo contrastamos con lo que está a nuestro alrededor. Sé dónde está mi cuerpo porque lo siento reclinado sobre el sofá. Son dos cosas diferentes que se abrazan y se rechazan. Yo no soy el sillón, pero me entiendo precisamente porque no lo soy. Sin límites, no existo.

Pero eso no es suficiente. El plano material es incompleto si no le agregamos las relaciones con los demás. Y allí también son necesarias las fronteras. Para establecernos como individuos, para darle forma a lo que queremos de una interacción, para tener una base sólida sobre la cuál construir algo duradero.

Ponerle freno a mis hijos es lo que más me ha ayudado a que ellos se sientan seguros de nuestra relación. Conmigo no se valen cierto tipo de bromas. Yo no soy su amiga. De ésos ya tienen suficientes y mamá sólo una. Mejor no borrar las líneas que me dibujan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.