Con diez tatuajes incluyendo delineado permanente, pelo pintado y alisado, depilación permanente, dientes rectos gracias a la ortodoncia y un par de inversiones en cremas cosméticas, yo soy la mujer menos indicada para hablar de «ser uno mismo», «quererse como uno es», «dejar salir la naturaleza». Tengo una amiga que muy claramente dice «no hay niña fea, sólo papá pobre.»
Mi perspectiva cambió cuando me vi como el primer espejo en el que busca su autoestima mi hija. Me cuesta muchísimo. Por un lado, quisiera que el tiempo regresara y me devolviera una cara sin arrugas ni manchas. Por el otro, me gustaría transmitirle a mi hija la convicción que uno es lindo a cualquier edad y que ser uno mismo es suficiente.
Y es jodido, porque yo misma estoy aprendiendo a creerme eso. Todavía paso frente a mi reflejo y no estoy segura si me gusto o no. A veces sí, a veces no…
El primer paso es dejar que mi pelo crezca sin tinte, a ver de qué color es, ya no me acuerdo.
