Inmutable

Tan linda esa palabra. Piensa uno en montañas, templos de dioses que olvidaron sus nombres, propósitos, sentimientos. Quisiera uno tener un corazón enmarcado en sustancias que lo conserven sin mancha ni cambio. No digamos del rostro y las arrugas.

Ser inmutable debe ser profundamente aburrido. Hasta las piedras se desgastan con el tiempo y todo en el universo se mueve (de dónde a dónde, ni idea, pero se mueve). Poder cambiar nos permite adaptarnos a lo que hay a nuestro alrededor. Y, eso mismo, nos ayuda a conservarnos por el mismo camino que queremos seguir. Porque el faro es el que no se mueve, el barco sí y muchas veces hasta en direcciones que parecieran contrarias al destino fijado.

Tal vez hay que cambiar esa linda palabra por otra igualmente sonora: infatigable. No suena tan bonita y el sólo hecho de pensar en no descansar, cansa y así nos aproximamos a lo que verdaderamente nos toca hacer: seguir.

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