Escribir duele

Porque no puedo acompañar de una mueca torcida y chistosa un comentario ácido.

Porque las manos haciendo ademanes por el aire se quedan de este lado del teclado.

Porque no puedo explicar varias veces lo que quise decir.

Porque siento que me desnudo frente a un estadio lleno cada vez que lo hago.

Porque me pongo en cada palabra.

Escribir duele porque es el momento en que soy más yo, porque no hay escape de mi mente, porque no tengo con quién pelotear la idea.

Y, cuando termino, me siento liviana y aliviada. Hasta que tengo que volver a empezar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.