Conocer a alguien requiere de atención. De escuchar más que sólo lo que dicen. De hacer preguntas que requieran pensar la respuesta. Cuando uno tiene interés por la otra persona, el proceso se siente como abrir regalos. Cada nuevo descubrimiento es una luz. Cuando uno no tiene interés, de pronto poner atención lo despierta. Es la magia de estar dispuesto a entender.
He leído que uno de los primeros propósitos del lenguaje fue poder transmitir información de otros. Chismear, pues. Pero no sé si se ha estudiado de dónde viene nuestra necesidad de hablar de nosotros mismos. Como si no supiéramos ya los detalles de nuestra historia.
Me gusta hacer preguntas que me sitúen en el presente de la persona que me interesa. No tanto qué hizo, más bien qué piensa. Y qué sabor de helado le gusta. Eso también es importante.
