Hay un momento para hacer las cosas. Los límites se ponen de inmediato. Los cariños no se aplazan. Pero hay discusiones que es bueno dejar enfriar.
Tenemos la capacidad de comunicarnos y el defecto de no saber hacerlo. Nada empaña tanto una buena intención como un mal exabrupto emocional. Y es que, la mejor de las habilidades que adquirimos como seres humanos con el paso del tiempo es un tiempo de reacción que nos haga esperar. Sólo porque nos enojamos no quiere decir que tengamos qué estallar. Sobre todo cuando eso implicaría destruir una relación que se quiere conservar.
Así que, igual que con la comida, hay que saber en qué temperatura servir las cosas.
