El mejor de los tratos

No sé en dónde se tuerce uno en el camino de las cosas fáciles. Creo que, lamentablemente, he vivido muy buena parte de mi vida bajo el lema de «¿Para qué hacer las cosas fáciles si se pueden hacer difíciles?» Y eso aplica a todo. A la comida, al ejercicio, al trabajo, a las relaciones. Uy, no, sobre todo a las relaciones. Pareciera que nos enseñan que, si no hay conflicto, no funciona, «si no te cela, no te quiere.» ¡Qué asedio!

En la naturaleza se observan muy fácilmente cuáles relaciones son de beneficio mutuo y cuáles no. Desde un virus cuyo único propósito es reproducirse y hacer pedazos al anfitrión, hasta las malas hierbas que ahogan al árbol de donde se cuelgan. Cuando sólo una de las partes saca algo bueno, y es a costa de la otra, la cosa no funciona y uno de los dos se muere. Siempre. En cambio, esos fenómenos en donde hay dos organismos que se nutren el uno del otro, hasta tal punto que se cumplen funciones esenciales, ésas son las que perduran. El ejemplo más impresionante para mí es el caso de seres vivientes tan compenetrados que ya no se sabe qué son, como la levadura, o el SCOBY (por sus siglas en inglés) para hacer la kombucha. Son una mezcla de bacterias y hongos y qué sé yo qué más y no son separables.

Así son las relaciones personales simbióticas. No se trata de depender de alguien, se trata de compenetrarse. Y las cosas salen fáciles. Lo que hay que cuidar es el mantener el ambiente adecuado para la continuación de la armonía. Si se introducen impurezas al cultivo, la compenetración se contamina y allí se jodió todo.

El vivir felices es simple, pero difícil. Difícil porque tenemos que replantearnos qué consideramos como una «buena relación». Si lo que queremos es una de esas pasiones tormentosas, es muy poco probable que tengamos muchos desayunos de café y huevitos revueltos en paz. Pero, si alimentamos el amor con el que podemos pasar ratos de «peace and quiet», es mucho más fácil que nos den una nuestra buena revolcada más frecuentemente que «de vez en cuando.»

A mí me gusta la simbiosis y, poco a poco, estoy tratando de hacerme las cosas fáciles, no difíciles.

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