Independientemente de una visión religiosa de lo que sucede después de morir, el ser humano tiene el impulso de ser recordado, de dejar un legado.
No todos tenemos el tipo de vida que es conocida mundialmente, pero todos afectamos terceros. Nuestro nombre pasa por más bocas que las nuestras. Compartimos ideas que son inmortales.
Todos trascendemos nuestro paso por este mundo, ya sea por el recuerdo, costumbres, sentimientos que transmitimos a los hijos. En un aporte laboral que permitió algún avance. En lo que escribimos y gente que no conocemos asimila. Hasta en las fotos que compartimos con el mundo.
No hacemos nada en el vacío. Permítanme ir a vomitar del estrés. Porque mi aporte actual está resumido en dos personitas y no estoy del todo segura de no estarme cagando en ellos.

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