El Loop

«¡Tengo una excelente idea para el post de hoy!» Corro a sentarme y arreglar teclado con iPad, ver que esté la conexión de internet, que los niños estén atendidos, abro el programa, comienzo a escribir y ¡zaz! ya había posteado algo similar. Podría dividir este blog en unas cuantas categorías: 1. desahogo psicológico de la infancia; 2. objetividad relativa; 3. desviaciones del lenguaje; 4. habilidades no aprovechadas. Y así va mi cerebro, como el famoso hámster del que ya les he hablado, que se faja corriendo en su ruedita, pero que no avanza.

La base de toda la filosofía humana descansa sobre esas preguntas esotéricas para las que no hay una respuesta concreta: ¿por qué estoy aquí? ¿de qué estoy hecho? ¿quién soy? Si el ser humano no se hubiera formulado esos cuestionamientos, probablemente no hubiéramos bajado de los árboles. Y, aunque a veces eso no suena tan mal, tampoco tendríamos cosas como el lenguaje, la tecnología, los helados…

La genialidad brota cuando uno se rasca la comezón intelectual y escarba tratando de tocar el fondo de un pozo sin fin. ¿Si el mundo a nuestro alrededor no nos molestara, de dónde saldría el arte? Y así vamos, caminando la espiral del devaneo filosófico, no sabiendo a ciencia cierta si nos acercamos o nos alejamos de una verdad, que pueda ni siquiera existir.

Y por eso resulto escribiendo de temas recurrentes, que suenan en mi cerebro como el loop de una cancioncita desesperante. Espero malvadamente que se les pegue.

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