El guardián de la casa

Hace siete años, se cayó un gatito entre un tubo en mi casa. Pasó de sábado a lunes allí, atrapado, hasta que lo pudimos sacar. Lo llevé a revisar y milagrosamente estaba bien. Era pequeño, apenas tenía dientes y se pegó con nosotros de inmediato. Se le escuchaba venir antes de verlo de lo fuerte que ronroneaba.

Los seres humanos convivimos con animales de una forma peculiar. En la naturaleza hay relaciones simbióticas entre especies. O posesiones casi demoniacas como lo que hace cierto tipo de avispas con las hormigas. Pero nosotros a veces tenemos animales sin aparente utilidad alguna. Mis gatos no salen de la casa y jamás han cazado un ratón (sólo una me llevó una culebra viva que maté a zapatazos). Los integramos a la familia, los saludamos, se vuelven parte del ritmo de la casa. Nuestros hijos aprenden a ser responsables de otra vida y a conocer la muerte pronto. (Ya tenemos cementerio de mascotas en el jardín entre una gata y los hámsters.)

El gato rescatado es ahora el indudable espíritu guardián de la casa. Juega con JM, tiene su cama, se esconde cada vez que vienen trabajadores y, en general, es feliz. Espero que haberle dado una buena vida a un animalito que seguramente iba a morir, cuente como algo bueno en mi rueda.

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