Cuando no queda nada qué hacer

Todo lo importante o está fuera de nuestro alcance cambiarlo, o está dentro de nosotros mismos. En el primero de los casos, sólo nos queda adaptarnos y aceptar. En el segundo es la única ocasión de realizar cambios verdaderos. Lo irónico es que, cuando uno cambia lo de adentro, ya no se preocupa por lo de afuera.

Tal vez por eso son tan esenciales las experiencias de ser impotentes que nos regala la vida. Un hijo enfermo, la muerte de un padre, el no gustarle a quien uno le gusta. Nada de eso es consecuencia de lo que hagamos o dejemos de hacer y pretender cambiarlo es ingenuo y peligroso para nuestra salud.

Cuando ya no queda nada más qué hacer, es cuando entramos al único ámbito en donde sí podemos cambiarlo todo. El que llevamos dentro.

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