Confundida

A veces hago cosas que he dicho que no quería hacer. Muchas de ésas tienen que ver con comida y el exceso. Es como si mi mano y mi boca estuvieran en conspiración contra mi cerebro y termino terminándome la tercera galleta, que ni siquiera me pareció tan rica desde la primera.

Hacemos como humanos muchas cosas que no concuerdan. Dicen que un signo de inteligencia es poder sostener dos verdades absolutas, pero opuestas al mismo tiempo. Pero hacer y decir cosas diferentes, aún cuando nuestra determinación se haya decantado por el lado perdedor, es aún más humano que el poder contradecirnos en nuestras ideas.

Creo que vivimos con dos dirigentes: uno el del cerebro que es capaz de ordenarse de forma lógica y tomar decisiones desprovistas de emoción. Y el otro en los sentimientos que nos halan por donde nos duele menos, sin tomar en cuenta que ese camino nos puede hacer más daño al final.

Así terminamos muchas veces confundidos entre lo que realizamos y lo que queríamos. Como yo, ayer, con la bolsa de las galletas feas a medio terminar.

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