Comí demasiado

Y regresé a casa con el estómago lleno. A reventar. Quisiera poder comer más los domingos, pero no puedo hacer que algo cambie de un día para el otro. Se supone que hoy es el día que puedo comer lo que quiera y resulto comiendo hasta menos, porque llega el desayuno y abuso. Así paso lo que me queda de libre completamente imposibilitada de meterme un solo bocado más a la boca.

Cuando habitualmente hacemos algo, tenemos una costumbre arraigada, es difícil salirnos de esa rutina. Como dormir más temprano o tarde, comer de forma distinta, ser más amables, no enojarnos. Las cosas que realizamos con frecuencia son a las que regresamos sin pensarlo mucho, la famosa memoria muscular de los atletas que instauran el mismo movimiento, una y otra vez, hasta que se les olvida haberlo hecho de otra forma.

Salirnos de lo normal es excelente. Ejercitamos partes distintas y pueda ser que hasta encontremos algo más que agregar en la rutina. Pero pretender que al primer cambio nos sintamos cómodos y no revirtamos a nuestro modo usual, es ilusorio. Como pretender adelgazar en un día lo que hemos venido acumulando durante años.

Yo no quiero comer libre todos los días, aunque me gustaría una sucursal de mi estómago de vez en cuando para poder aprovechar y meterme el helado del que tengo ganas pero que no me cabe porque hasta respirar me cuesta. Tal vez lo logre el otro domingo.

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