El Final del Día


Que caiga el sol sobre mi cama llena de gente, dos escuchando y uno leyendo y yo tomando fotos de tres espaldas juntas, borra tráficos, carreras, regaños, enojos. O, mejor, no los borra, les da sentido.

Abrir las puertas de mi casa a amigos que quieren compartirse conmigo, me da una dimensión de lo que he ganado aprendiendo a ser empática.

Servir un vino en dos copas, o cuatro, o diez y comer rico y reír, le da vida a los muebles y demás cosas inertes.

Escuchar mi propio humor ácido salir de una boca de siete años me enseña un futuro lleno de bromas compartidas.

Recibir las fantasías marcianas descritas en un vocabulario mezclado de casi cinco años me recuerda mis propios cuentos.

Ver que mi vida está llena de todas las cosas que no se pueden comprar, sentir cómo se ablanda y agranda mi corazón y que no me alcanzan las palabras para agradecer en dónde y con quién estoy parada. Nunca había querido seguir viva tanto como ahora.

Otra Vez

Hay elementos diferentes en algo que siempre es igual: una iglesia, un comedor, un jardín, el escenario cambia. El sentimiento no. Esa angustia combinada con cólera que me optime entre la garganta y el estómago. Esa impotencia de sentir que regreso a una tortura de la que ya me había liberado. Pienso: «¡Pero si yo ya no estaba aquí!» Y mi lógica dormida trata de enderezar los hechos torcidos de mi subconsciente. Vuelvo a estar con alguien más. ¡Tantos años de esfuerzo por salirme y vuelvo a estar con alguien más! Quiero llorar, pero no sé si salen las lágrimas con los ojos cerrados. Quiero correr y mis pies se arrastran. Quiero pegarle a alguien, gritar, luchar y sólo hay gente extraña. ¿Por qué me persigue esta angustia que sólo aparece cuando estoy dormida?

Tal vez es porque todavía no me creo que mi vida sea feliz. Y pienso que lo pasa cuando estoy despierta es un sueño. Y tengo que regresar a vivir en la «realidad». Desgracia de mente que no acepta las cosas buenas sin querer compensarlas.

Despierto con la tristeza entre los ojos. Casi no quiero abrirlos, por si es cierto lo que soñé. Y me envuelve tu olor. Y es tu calor el que me abraza. Y eres tú quien me saluda. El universo está en pie y yo soy libre.

Mi Mejor Versión

No hay espejo que me enseñe cuál versión existe hoy de mí.

La que todavía salta como niña y rebosa de energía.

La que siente el peso de la adultez en cada decisión que toma.

La que tiene que hacer personas de dos proyectos infantiles.

La sarcástica detrás de un avatar.

O, la que más me gusta, la que se refleja en tus ojos cuando te cambia la cara y me sonríes.

De Noche

Horas llenas de cansansio que llenamos de sueño.

Los niños ya no son parte de la rutina.

Tu peso en mi cama me recuerda que eres real y que estoy viviendo mi fantasía.

Hay gatos por todas partes.

La tele ya no nos entretiene.

Oraciones y buenas noches.

Pants y t-shirts, por aquello de los temblores.

Han sido tantas ya, que ya no recuerdo dormir sola.

La cama grande para que quepas.

La venta abierta, cerrada, abierta, cerrada, no puedo dormir con el ruido, no puedo dormir por el calor, la ventana a medias.

La rutina.

La rutina que nunca es suficiente para esconder que allí estás tú.

El cansansio que no borra las ganas.

Los gatos que salen y se cierra la puerta.

Los pants y t-shirt que igual se quitan, los temblores los hacemos nosotros.

Las horas que ahora están llenas de posibilidades y posiciones.

Y el sueño que nos termina de acompañar.