Caminos alternos

Le acabo de contar el cuento de la Caperucita Roja a JM. La versión moderna, menos macabra que la original en la que se comían a la abuela y a la niña sin vuelta atrás. Sin entrar a por qué servía de moraleja el cuento, siempre me pareció un detalle súper curioso el que se volviera culpa de la niña el distraerse en el camino con flores y mariposas y no pudiera llegar rápido a la casa de la abuela. En otras versiones, el lobo la engaña y le dice que se vaya por un atajo el cual resulta ser el camino más largo. De cualquier forma, la niña igual llega a su destino, con más flores en su canasta que lo que tenía antes. (Dejemos del lado el hecho que hay una masacre después, igual iba a suceder.)

Hay formas de llegar más rápido a las metas que nos proponemos. La sistematización de procesos sirve precisamente para hacer más eficiente la obtención de ciertos resultados. En matemática, el camino más corto entre dos puntos siempre es una línea recta. Para hacer un pastel, hay que seguir la receta sin cuestionarla, es un proceso químico delicado. Pero la vida es complicada y desordenada y caótica y confusa y no siempre se puede sumar dos más dos para obtener un cuatro.

Hay demasiadas variables que se escapan de nuestro control, cosas que cambian, personas que se alejan y hay que pararse un momento en el camino para reajustar el rumbo. O simplemente para recoger las flores que se nos presentan. Las metas son excelentes, cuando son faros hacia algo grande, como «la felicidad», o «ser mejor ser humano». Cuando lo que buscamos es trascender de los defectos que nos habitan, podemos encontrar varios caminos para lograrlo. Algunos más fáciles que otros. Lo divertido es que no siempre llegamos a donde queremos por el camino fácil, cae bien atravesar desiertos y escalar montañas y cortarse las manos y ampollarse los pies. La meta última de la vida es haberla vivido plenamente y eso rara vez se logra sin heridas y cicatrices.

Por mucho tiempo pensé que tomar el camino largo era un desperdicio de tiempo. Ahora empiezo a ver que hay varias maneras de llegar a lo mismo. Y, también, que puedo detenerme a recoger más de alguna flor.

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