Gatos y perros

Tengo dos gatos y dos perros. Los últimos son adiciones recientes. No me quejo de ninguno. Ambos son especiales en su propia esfera. Pero…

Los perros han evolucionado junto con los humanos desde que aprendimos a hablar. La simbiosis que tenemos es difícil de anular. No creo que exista ningún chihuahua salvaje, por ejemplo. Los gatos, en cambio, se domesticaron a sí mismos y se nos acercan por conveniencia. Que no quiere decir que una relación sea más fiel que la otra. Ningún gato me ha deshecho la cara como lo hizo el perro que yo crié desde pequeño. Es simplemente que ambas relaciones tienen sus ventajas y desventajas (vaya sorpresa).

Ser independiente como gato implica que cuando uno se acerca a otra persona, tiene que dar signos inequívocos de cercanía. Ser sociable como perro trae consigo un aprendizaje profundo de dónde marcar límites. Todo tiene cosas buenas y malas. Y yo voy a decir «miau» hasta el día que me muera.

Planes de contingencia

Estoy revisando el botiquín que tengo que llevar en vacaciones. Y se me vuelve casi interminable porque siempre puedo pensar en algo más que puede salir mal. Pero… no voy a la jungla y debo tener en cuenta que sí hay civilización cerca.

Los planes de emergencia son todas esas cosas que uno tiene que imaginarse, deseando que jamás sucedan. Y allí vuela la creatividad. Y la ignorancia. Porque, no importa qué tanto uno pueda prever, nunca va a saber lo que no sabe. Las cosas imprevistas lo son, precisamente porque no las mira uno venir. Lo mejor que se puede hacer es tener lo mínimo y persignarse para lo demás.

Voy a llevar de todo para el estómago y los dolores. Y tal vez los mocos. Y los piquetes. Y la ubicación de la farmacia más cercana.

Otra costumbre

Trato de variar mis rutinas sólo para no quedarme trabada en un mismo lugar. Pero la disciplina opera para lo bueno y lo malo y todo en extremo es malo.

Muchos confunden ejercer la fuerza de voluntad para las decisiones importantes con las pequeñas violencias que uno se inflinge en las diarias. Si yo tuviera que decidir todos los días levantarme temprano y hacer ejercicio, no lo haría. Simplemente lo hago. Pero, y allí está lo malo, eso me hace inflexible y nada es más frágil que algo que no se dobla.

Cambiar de rutina, escuchar otra música, no hacer lo mismo, eso ayuda a expandir el horizonte. La vida nunca es igual. ¿Por qué lo somos nosotros?

Cuesta

Con los años uno aprecia a las personas que dicen las cosas claras. Tal vez a uno se le borra la necesidad de las sugestiones y quiere todo definido, una consecuencia de usar anteojos para leer. El precio de obtener claridad, sin embargo, es el riesgo de la ofensa. Poco duele tanto como que le digan a uno lo evidente.

En todas las relaciones hay un balance entre lo que no se dice y lo que sí. Idealmente lo segundo sobrepasa por mucho lo primero. Y uno se queda guardadas todas esas verdades que no sirven para nada. Pero desenterrar basura acumulada es esencial. Aunque duela.

Trato de no ofenderme cuando me dicen la verdad. Y trato de no decir palabras cortantes cuando no hay necesidad. Pero, si hay qué hacerlo, se hace.

Es domingo

Hace unos meses agarré la costumbre de hacer lavandería los domingos. Hasta hoy. No quiero hacer oficio también los domingos. Y no porque crea en algo espiritual, sino porque, también hago oficio los domingos y no me había dado cuenta que ya no tenía ganas. Estoy estresada, lo confieso. Pero no va a pasar nada si la ropa no está lista hoy.

La vida es todo eso que pasa cuando uno está haciendo tareas. No. En realidad, la vida es eso, hasta las tareas. Y, al final de la misma, dudo que alguien se recuerde que yo tenía la ropa limpia los domingos. Pero yo sí voy a recordar poder despertarme tarde. Cosas tan tontas que parecen importantes en el momento y que necesita uno de un poco de perspectiva.

Escribir, platicar, tomar un trago, dormir, ver tele. Para eso sirven los domingos. La ropa puede esperar, porque igual siempre hay más. Es la demostración más irónica de la eternidad.

Espía

Quien te ve dormir

te roba el secreto

que esconde tu cara

cuando no hay nadie

ni siquiera tú mismo

y se queda con una parte tuya

que no sabes que tienes

ni que te hace falta.

Sí, pero no me gusta

Alguna vez tuve tanta ropa negra, que me pidieron que no comprara más. No sé si es porque me da pereza organizarme para escoger o porque verdaderamente me queda bien el color, lo cierto es que gravito hacia la ropa negra. Y ahora pretendo hacer que mi hija use colores de paletas de helado, a lo cual se rehúsa.

Agarramos un cierto camino hacia lo cómodo y lo que nos queda bien con la edad. Tal vez por eso todas las películas futuristas nos tienen usando uniformes. No sé si eso sería del todo bueno, pero sí sería práctico. Pero, hasta para eso hay que atreverse a cambiar, a tener algo que sea distinto. La vida, me han dicho, tiene más colores y hay que usar todos los que uno pueda.

Le compré a la niña un enterizo color helado de fresa, el cual tengo puesto porque ella no lo quiso. Admito que es simpático y no me queda mal, pero sigo prefiriendo el negro.

Seguir instrucciones

Cocinar es simple. Se encuentra una buena receta, se sigue. Ahora, dije simple, no sencillo. Porque hay instrucciones que se necesita conocimiento previo para saber si está saliendo bien.

Leer los pasos y entenderlos de forma lógica es importante. Pero no suficiente. Ayuda tener experiencia y, generalmente, ésa se adquiere echando cosas a perder. Así es la vida.

Pero, de entrada, lo principal es organizar lo que dice la receta y hacerla. Hasta que salga bien y ya no haya necesidad de seguirla.

Perspectiva

Yo miro gigantesco al perro. La criadora dice que ea porque tiene grande la cabeza. Pero yo estoy sentada en el sofá y é acostado encima mío. No sólo es que tenga grande la cabeza. Y me admiro cómo este gigante me ha cambiado hasta la forma en que me describo (no me gustan los perros, era antes), todo por tener contenta a mi niña.

Todo cambia cuando nos corremos a otro punto de vista. Se puede hacer ver gigante una hormiga, o sentirnos diminutos ante un edificio masivo. Es bueno combinar las experiencias porque, seguramente, la verdad habita en medio.

Sigo maravillada del tamaño del chucho, mientras el niño se para a mi lado y me saca más de una cabeza y a la niña ya no la puedo cargar. Porque no sólo cambian las cosas depende de la perspectiva, la misma perspectiva cambia con las cosas.