Las crisis presentan oportunidades. Y hay pocas verdades menos dolorosas. Porque poder hacer algo no quiere decir que no duela. O que no de miedo. Pero el viento cuando cambia, nos saca de donde estamos.
Pasamos mucho de nuestras vidas ideando un futuro y aferrándonos a lo que conocemos. Pero la única manera que un reloj deje de avanzar es que se arruine. Igual nosotros. El cambio como guía y aprender a adaptarse como lema.
Mi vida no se parece a lo que yo imaginaba hace veinte años. Y eso que me senté a describir cómo la quería. No puedo dejar de pensar que, si las cosas hubieran salido como las esperaba, tal vez hubiera sido más aburrida. Muchas veces me ha dolido. Pero jamás me ha dejado tibia. Y eso ya es mucho.
