Llega diciembre y, aunque ya no horneo ni la décima parte que antes, siempre regreso a ver las recetas de mi mamá. En mi vida normal, pocas veces reviso mis libros de recetas, siempre recurro al internet. Hasta que necesito algo con sabor específico, como la magdalena o el pollo con almendras y me voy a lo conocido.
La gente frecuentemente dice que las cosas ya no saben “como antes”. Es más preciso decir que ya no les saben a ellos como antes. Porque uno crece y ya no está en las mismas circunstancias, ni con las mismas personas. El recuerdo del sabor está incrementado con el de todo lo demás. Unámosle a eso el paso de los años y, aunque le trajeran la comida exacta con una máquina del tiempo, no le sabría igual.
Me sirve de consuelo. Voy a hacer Stolen y no va a ser lo mismo. Pero eso me da libertad a que me guste algo distinto y no me frustre. Mis recuerdos siguen bien guardados. Todos felices.
