Es tan rico comer en casa después de una semana de no hacerlo. Y ver a mis perros. Y dormir en mi cama. Todo lo común tiene una pátina de nuevo, de bonito, de mío.
Establecemos rutinas para que la vida marche en automático en lo repetitivo y le podamos poner más atención a lo importante. La cosa se arruina cuando lo hacemos al revés.
Así que, qué alegría cocinar y lavar ropa y hacer ejercicio y despertar temprano. Agarro fuerzas para lo imprevisto.
