Hay momentos en que tengo que parar un rato y retroceder los saltos mentales que me llevaron a pensar en comer chicharrones. No es que me cueste llegar allí, siempre quiero comer chicharrones. Pero el camino que toma mi mente puede ser retorcido.
Le ponemos atención a todo, por algo entra en nuestra consciencia. Lo que no hacemos es enfocar esa atención hacia lo que estamos haciendo, sino que la dejamos flotar con la corriente. O, en mi caso, saltar de liana en liana como mono. Es importante agarrar firmemente la atención y llevarla donde uno quiere. Porque se pierde muy fácil.
Meditar me ha ayudado, pero no curado. Tal vez para eso debería pasar un buen tiempo en algún monasterio budista. Lo malo es que allí no dan chicharrones.
