Me he cortado el pelo muchas veces. Y lo he tenido de muchos colores. No siempre me ha gustado, pero siempre vuelve a crecer. Al menos así me consolaba. Tenía un truco: había que esperar.
Eso de que el tiempo todo lo cura no es cierto. Es sólo que borra lo anterior. Tal vez eso sea suficiente.
Ahora me toca a mí consolar a mis hijos. Su dolor me duele más que el mío. Y a veces sólo me queda decirles que ya volverá a crecer.
