La vida depende de tantas cosas que no dependen de uno. Es que ni la reacción de nuestro propio cuerpo tenemos asegurada. ¿Aquella comida que nos pasaba normal? ¡Sorpresa! Esta vez fue una bomba. Y así, lo que hacemos se determina afuera, sin nuestra participación.
La falta de predictibilidad es un ingrediente para degradar relaciones. Pero vivimos con ella siempre, porque por más que podamos tener una expectativa razonable del desenlace de una acción, no hay garantías. De nada.
Trato, realmente trato de ser un palo de bambú y moverme con el viento, mientras conservo mis raíces. Pero siempre hay imprevistos y a veces me tiran al suelo. Sólo toca levantarme y seguir.
