Camino pensando en demasiadas cosas a la vez. Parte del trabajo enorme que me toca hacer con la meditación es quitar tanta contaminación mental. Creo que mi hemisferio derecho es muy mandón y le gira instrucciones sin cesar al pobre izquierdo. Termino atando cabos sueltos de miradas, palabras sueltas, gestos. Y no siempre tengo razón.
Tenemos dividido el cerebro y, aunque no estamos completamente seguros para qué, sí sabemos que ambos hemisferios procesan información de forma distinta. El chiste es que dentro de nosotros mismos tenemos dos puntos de vista diferentes que nos ayudan a darle una profundidad mayor al mundo que, de por sí, nos es imposible conocer de verdad. La realidad es mucho más de lo que percibimos. El peligro está cuando dejamos que uno de los dos lados maneje siempre. Nos desbalanceamos.
Necesito darle descanso a la mara que me dice en qué fijarme. Esa mara soy yo misma, pero no siempre me hago caso. Tal vez por eso escribo, para darme paz. Y dejar de hacerme cabos para poder atarlos.
