Salir a poner el sol

Despierto temprano por costumbre, por estrés, por necesidad y por necedad. Yo sí sigo el ritmo de mis antepasados cavernícolas para quienes el día, con luz, marcaba sus actividades. Me gusta el sol. Detesto que esté nublado. No me desvelo casi nunca y creo que no hay necesidad de no dormir.

Los seres humanos no estamos biológicamente equipados para movernos de noche. Apenas distinguimos algunas formas a oscuras, sino pregúntenles a tantos deditos del pie heridos en combate contra las patas de diversos muebles. Pero también es cierto que no tenemos la constitución para volar, ni para vivir sin abrigo, ni para hacer tantas de las cosas que hacemos día con día. Simplemente nos adaptamos.

Seguro es una predilección, aunque hay estudios que demuestran que nuestros cuerpos descansan mucho mejor antes de la medianoche y que sí tenemos ventajas al movernos de día. Tal vez no sea necesario estar fuera de la cama a las cuatro de la mañana (o antes, no me juzguen), pero los días son mucho más productivos cuando empiezan temprano y con un buen descanso previo. Claro que no importa qué tan bien se cuide uno, al final todos vamos a morir. Pero sí hace mucha diferencia en qué estado uno devuelve el equipo.

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