Yo nací con poca habilidad deportiva. Lo de la coordinación ojo/pelota no se me da. Tampoco me fascinan los deportes que impliquen lanzar/batear/patear un objeto que vuela a una velocidad respetable en mi dirección. Menos atraparla. ¿Qué nos pasa? Eso de ponerme en medio de la trayectoria de un proyectil no me parece divertido en lo absoluto. ¿Qué antepasado vio venir una piedra y decidió que, para pasárselo bien, en vez de evitarla la iba a ir a buscar? No. No gracias.
Tal vez opinaría distinto si fuera un prodigio deportivo. Pero no lo soy. Hago ejercicio y me esfuerzo en el karate. Nunca voy a ser buena, pero progreso y es lo que hay. No hay mejor fórmula para enfocar nuestros esfuerzos que esa pequeña aceptación: es lo que hay. Tener claridad de nuestras circunstancias y partir desde allí nos da el marco de referencia de nuestra realidad. Nadie es feliz sin aceptar lo que tiene. Que no quiere decir que no se pueda mejorar, pero sí que hay cosas que simplemente no se pueden cambiar, por muchos deseos que uno pida a la orilla del pozo. No hay moneda que valga.
Hoy tuve un momento incontrolable de rabia contra algo que simplemente no puedo cambiar. Es frustrante. Duele. Pero, es lo que hay. Así que sorbí las lágrimas que me llenaron el dique de los ojos, y seguí haciendo el súper. Porque esto no lo puedo borrar, pero claro que podemos seguir adelante.
