Mañana y los siguientes tres días, pareciera que no tengo que despertarme a sacar el sol. Quité la alarma que suena a pajaritos. Con un poco de cargo de consciencia como si me fuera a malcriar al no salir de la cama antes de las 4am. Creo que me exagero.
Hay muchas formas de tener rutinas. Todos las tenemos, hasta los que no siempre hacen lo mismo, porque eso es un hábito en sí mismo. Ya a nosotros los adultos nos quedan muy pocos asientos sin llenar en el teatro de nuestros días y cómo los pasamos. Por eso es tan difícil hacer algo nuevo: ya hay un inquilino asentado en esa casa que queremos redecorar. No es sencillo. Pero hay un secreto: se le prende fuego al inmueble y se construye uno nuevo.
Me encanta no tener qué pensar en dónde gastar la mayor parte de mi tiempo. Evito el esfuerzo de esforzarme, no tengo tanta fuerza de voluntad. Lo metódico me lo he hecho a fuerza de no darme opciones. Creo que, si no fuera porque el clima es demasiado variable, tendría escogida la ropa de la semana por adelantado. Claro que se me derrite el cerebro cuando tengo que hacer un cambio. Como el de mañana. Estoy casi segura que, sin importar la falta de alarma, el sol saldrá con mi ayuda.
