Se me derriten las líneas que separan el hambre del sueño. Debe ser que le ponen el mismo estrés al cuerpo. También entre la tristeza y el enojo, pero como mecanismo de defensa.
Estoy segura que navegamos en un mar de confusión. No hay forma objetiva de entender todo lo que el otro quiso decirnos, principalmente porque no estamos en su cabeza. Pero, para el día a día, la comprensión perfecta no es necesaria. Y, para las relaciones más íntimas, debemos actuar como si no importara tampoco. Pesa más el darle al otro el beneficio de la duda.
A los únicos que debemos entender del todo es a nosotros mismos. A los demás hay que aceptarlos.
