En el parto ni me enteré cuándo le cortaron el cordón umbilical a mis hijos. Principalmente porque fueron cesáreas con algún grado de complicación y eso era lo último en lo que me estaba fijando. Es un corte que no duele, además de ser completamente necesario para que el bebé sobreviva. Me parece aún más peculiar porque, durante varios meses, sin ese tubo no hubiera sobrevivido. Bonito acto simbólico el que nos pone enfrente la naturaleza.
Ahora el primero de esos niños tiene 13 años y quedaron muy lejos las tardes de hacer siestas juntos y de que me pidiera atención. Está creando su propio mundo, al que de vez en cuando me invita con tiempo limitado. Se está encontrando a sí mismo desde el gusto por la comida, hasta la ropa. Me toca verlo y cuidar que no se salga demasiado del camino seguro, aunque cada vez pueda hacer menos.
Es como volver a cortar el cordón umbilical. Si hago bien mi trabajo, él no se va a enterar que lo hizo, aunque esta vez sí me duela a mí.
