El arroz a lo bruto

Desde hace quince años, hago el arroz en arrocera. Porque ha sido tan sencillo. Y porque, para ser algo que se come siempre, el arroz resulta ser una cosa muy quisquillosa de hacer. Todo iba bien en ese vecindario de mi cocina, hasta que la bendita maquinita se arruinó.

Hay tantas cosas que funcionan perfecto hasta que ya no. Y tal vez los resultados no sean los mejores, pero son consistentes y a uno lo gana la ilusión de poder predecir los resultados en un mundo tan lleno de incógnitas. Hasta que se arruinan las formas conocidas y hay que aprender algo nuevo. Siempre llega ese momento, ni la forma de maquillarse puede quedar igual toda la vida. Menos cómo llevamos nuestras relaciones.

Así que se vale tener una manera cómoda de hacer las cosas. Pero hay que saber que, alguna vez, eso ya no va a funcionar. Hoy haré arroz en olla, como una cavernícola. Y me va a salir rico.

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