La Pasión de la Rutina

La vida entera parece un ciclo. Un día sigue a otro. Los años sólo cambian de número. De lunes a viernes se sacan los niños al bus. Cada mes están las mismas cuentas qué pagar. Hasta en los ritos más íntimos hay una repetición. La rutina, la costumbre, el hacer las cosas «porque siempre se hacen así». A nadie le gusta que le digan que su vida es rutinaria. Pero yo encuentro una familiaridad en la rutina que me da paz y libertad. Si yo no tuviera una rutina para vestirme, probablemente saldría a la calle sin desodorante, porque se me olvidaría. Mi mente estaría mucho más preocupada en detalles como «¿a qué hora comemos?», que en gozarme las conversaciones de mis hijos al almuerzo.

Hay un «flow», un estado casi esotérico de trabajar (de hacer cualquier cosa, la verdad) que describen como que el cuerpo toma el control y uno sólo tiene que dejarse llevar. O la famosa «memoria muscular» que le permite a los atletas desempeñarse siempre con la misma buena técnica. Pero todo eso sale de una repetición casi lobotomizadora de procesos, movimientos, rutinas. Si yo todavía tiro mal un golpe, siempre voy a estar pendiente de mis movimientos para no volverme a romper la mano y voy a ser más lenta. Pero si me grabo cómo soltarme, ya no tengo ocupada la mente en el puño y eso me da libertad. Los esquemas sirven para mejorarlos, para salirnos de ellos, improvisar e innovar. Si no entendemos y manejamos las reglas, no podemos saber si las estamos rompiendo, o sólo haciendo un mamarracho.

También hay que tener en cuenta que la costumbre a veces ayuda a pasar por un momento en el que falla la pasión. Los sentimientos no son constantes y una relación no se puede basar en «hoy se me antoja quererte y hoy no». Así no hay matrimonio que dure. Pero si siempre se trata uno con respeto, siempre se demuestra cariño, siempre hay momentos íntimos, la pasión generalmente regresa como el hijo pródigo y ¡Zaz! ya está uno ardiendo.

Es gracias a seguir un esquema algo cerrado, que tengo la libertad de escribir todos los días. No siempre me salen genialidades, pero siempre estoy allí para el momento en que éstas llegan.

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