Hay cosas que hago bien. Quisiera creer que escribir es una de ellas. Cocinar estoy segura. Cantar, en el baño. Querer. Sé querer bonito. Hay cosas que no sé hacer. Montar bicicleta. Dibujar.
Y hay otro montón de cosas que hago. No bien. No mal. Pero van saliendo. Como llevar mi dieta. Allí va. Con ajustes que adolecen más a circunstancias que a necesidades. Pero siempre ando luchando con ella. Necesito bajar cinco libras, porque así no me dan dolores de espalda como el que he tenido desde el martes pasado. Pero no las logro bajar. Ya no hay grupo alimenticio qué quitarme… Así que iré donde una nutricionista que me haga un plan que se ajuste a mi forma de comer. Porque necesito ayuda.
Pareciera que, en esos pequeños detalles por los que navegamos, no siempre con viento en popa, sentimos que es una debilidad grande pedir ayuda. Sobre todo porque tenemos el estigma, algunos, que debemos poder hacerlo todo. Si por algo tenemos talento. Y no. No es así. Siempre hay alguien que sabe más que uno y del que podemos aprender. Necesitar ayuda sólo significa que estamos tratando de hacer algo bien hecho y que queremos aprovechar.
Además, la debilidad es cíclica y unas veces estamos mal y otras podemos ayudar nosotros. Yo sé que mi dieta me ha funcionado bien. Hasta ahora. Tal vez sólo necesito un empujoncito. Ya veré si no me quitan hasta el agua.
