Posiciones complicadas

Yo hago yoga. No con la regularidad que me gustaría, pero procuro entrenar una vez a la semana y soy muy disciplinada para estirar bien los músculos después de cualquier ejercicio. Y, aunque hace muchos años lo hago, aún hay muchas posiciones que no me salen. Ni porque tuviera que salvarme la vida. El cuervo es una de ellas. Requiere mucha concentración (que medio tengo), fuerza abdominal (que sí tengo) y confianza (…). Estoy con la nariz a poco espacio del suelo y siento que voy a enterrarla. Sinceramente, no tengo ganas.

A veces nos encontramos en situaciones complicadas en nuestras vidas, que requieren de un set de habilidades que no necesariamente completamos. Que si tenemos empatía, pero no facilidad de comunicación. Que si sabemos manejar, pero no conocemos la dirección. Que si queremos besar, pero no tenemos con quién. Hasta para vestirnos necesitamos varias capas. Y no siempre tenemos la combinación correcta.

Creo que lo mejor que nos puede suceder es darnos cuenta que no es necesario hacer lo más complicado, sino lo que más nos conviene. Simplificar las relaciones sacando el drama que nos causamos con nuestras propias inseguridades y egos frágiles. Comer mejor porque regresamos a lo básico. Quitar capas de maquillaje. Buscar usar ropa más sencilla.

El problema viene cuando uno no es el que escoge, sino que la vida le pone el momento duro y no queda más que aceptar la complicación y hacerle ganas con lo que uno tenga a la mano. Así como cuando en la rutina toca hacer el cuervo y sólo queda intentarlo, rezando no partirse la cara.

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