Hacer algo cuando no se hace nada

La culpa de que yo siempre quiera hacer dos cosas a la vez es de mi mamá, que me ponía a bordar mientras mirábamos tele. Claro que yo lo llevé al extremo y me bañaba leyendo (apoyaba el libro entre el shampoo y el rinse), entre otras cosas. En ninguna clase he podido poner atención sin rayar un cuaderno. Y pocas veces estoy por completo en donde estoy.

Tenemos más capacidad de hacer conexiones neuronales internas que en recibir información de afuera. Pareciera que estamos diseñados para llevar vidas más interesantes dentro de nosotros mismos.

Además, nos distraemos tan fácil… Niños persiguiendo cosas brillantes y llamativas, queriendo exprimirle hasta la última experiencia a la vida, porque no sabemos qué pasa en el próximo minuto.

Y nos pasamos así, entre cosas que imaginamos y que no existen y en dividir nuestra atención porque tenemos demasiado a nuestro alrededor. La meditación se supone que ayuda a situarse en el «aquí y el ahora». No hay mejor ofrenda en una relación que la atención activa. Ni mejor forma de quitarse el mundo de encima que soltar todo eso que nos ocupa el cerebro.

Me gustaría vivir así, aunque sea cinco minutos. No estoy segura de aguantar más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.