Trato de hacer meditación todos los días. Con varios grados de falta de éxito, porque siempre termino durmiendome. Probablemente no ayuda el hecho que me enchamarro y me acuesto para meditar, pero esos son detalles mínimos.
A pesar de lo rico que me cae, me cuesta decidirme a hacerlo. Porque requiere que deje de hacer todo lo que me consume y le dedique tiempo sólo a eso. Implica dejar el celular, la compu, el libro y hasta el pensamiento necio que no sale de la rueda en la que trota el hámster de mi cerebro.
Estar «en el momento» es como tener una mano abierta debajo de un chorro de agua sin pretender atraparla. Igual no se puede. Sólo hay que disfrutar la sensación del agua que le corre a uno entre los dedos. El agua, el elemento en sí, es el mismo, pero no son las mismas gotas. Aprender a estar allí, dejando fluir lo que pasa, sin cambiar uno su esencia, pero sí impregnándose de lo que le rodea a uno.
Es muchísimo más fácil escribir acerca de eso, incluso de forma que pareciera que uno lo entiende, a hacerlo. Pero lo intento. Escribir, meditar, correr, nadar, cocinar… cosas que me necesitan y a las que me puedo entregar para hacer bien me ayudan a estar un poco más cerca de quedarme en ese momento fluido.
O simplemente es que me duermo y no me fijo.
