Reafirmar habilidades

Es mucho más sencillo hacer muchas cosas medio bien, a hacer pocas de forma excelente. Me pasa muy seguido que me quedo a medias de algo nuevo que quiero aprender, porque ya lo logro «hacer» y me aburrió. Paso a lo siguiente y a lo siguiente y así. Pocas veces me quedo suficientemente enganchada con algo como para llegar hasta el fondo.

En la época feudal, cada persona tenía un único oficio y, gracias a alguno de tantos emperadores romanos que fue el que se inventó la necesidad de anclar a las personas a sus ocupaciones, rara vez cambiaban de trabajo. Es más, no podían ni siquiera mudarse a otra ciudad, porque eran perseguidos. Luego llega el Renacimiento (después de un montón de cosas más) y se considera bueno tener conocimientos en todo. El famoso «Hombre del Renacimiento». Da Vinci es el prototipo de este ideal. Hacía de todo y lo hacía bien.

Pero nosotros, ni estamos atados a un oficio de por vida, ni somos genios florentinos. Estamos en un lugar en medio.

Lo mejor que tenemos a nuestra disposición es la posibilidad de probar varias cosas para ver en dónde se unen nuestros talentos con nuestro corazón. Porque no es lo mismo poder hacer algo que querer hacerlo. Una vez que encontramos ese lugar mágico, dedicarnos a las cosas que nos llenan y en las que podemos demostrar alguna proficiencia, debería de proporcionarnos suficiente felicidad para bastante rato.

Y no quiere decir que allí nos quedemos para siempre. Simplemente que es bueno afinar los talentos natos hasta que brillen y deslumbre y corten. A mí, me cuesta mucho hacer las cosas que más frecuentemente hago y las que mejor quiero hacer. Tal vez por eso es que no dejo de escribir todos los días.

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