Cuando era pequeña, mis papás me traían una “cosita” cada vez que salían de la casa. Podía ser cualquier cosa, tanto así, que tenía una colección de piedras. El regalo, muchas veces, no importa en sí mismo, sino por lo que representa.
Creo que dar un buen regalo me es igual de satisfactorio que recibir uno. Es otra forma de enseñar cariño y de encontrar que quedar bien con otra persona es quedar bien con nosotros mismos. Habla mucho del estado de una relación, no específicamente de las finanzas. Y es un buen atajo para saber la profundidad del conocimiento del otro.
Mientras más quiero a alguien, más me preocupo de qué darles. A veces es algo que yo puedo hacer. Y eso lleva doble esfuerzo.
