Otra costumbre

Trato de variar mis rutinas sólo para no quedarme trabada en un mismo lugar. Pero la disciplina opera para lo bueno y lo malo y todo en extremo es malo.

Muchos confunden ejercer la fuerza de voluntad para las decisiones importantes con las pequeñas violencias que uno se inflinge en las diarias. Si yo tuviera que decidir todos los días levantarme temprano y hacer ejercicio, no lo haría. Simplemente lo hago. Pero, y allí está lo malo, eso me hace inflexible y nada es más frágil que algo que no se dobla.

Cambiar de rutina, escuchar otra música, no hacer lo mismo, eso ayuda a expandir el horizonte. La vida nunca es igual. ¿Por qué lo somos nosotros?

Cuesta

Con los años uno aprecia a las personas que dicen las cosas claras. Tal vez a uno se le borra la necesidad de las sugestiones y quiere todo definido, una consecuencia de usar anteojos para leer. El precio de obtener claridad, sin embargo, es el riesgo de la ofensa. Poco duele tanto como que le digan a uno lo evidente.

En todas las relaciones hay un balance entre lo que no se dice y lo que sí. Idealmente lo segundo sobrepasa por mucho lo primero. Y uno se queda guardadas todas esas verdades que no sirven para nada. Pero desenterrar basura acumulada es esencial. Aunque duela.

Trato de no ofenderme cuando me dicen la verdad. Y trato de no decir palabras cortantes cuando no hay necesidad. Pero, si hay qué hacerlo, se hace.