Señales de virtud

Mi mamá siempre me dijo que estar desocupada era abrirle la puerta al diablo. Como si el ocio fuera un pecado. Y me dura el sentimiento, porque me cuesta estar sin hacer algo “productivo”. Es cansado creer que las tareas son señales de una vida moralmente superior.

Nuestros antepasados cazadores se esforzaban lo suficiente. Salían, buscaban y regresaban con la comida. Y el resto del día, a descansar. Pero vino la agricultura y lo arruinó todo. Ya no hubo descanso de sol a sol. Hasta Dios nos obligó a dejar de trabajar un día, de tanto que nos estábamos matando.

Es que ni ver tele podíamos hacer tranquilamente con mi Mamá. Más de algo bordábamos o dibujábamos o lo que fuera. He tenido que esforzarme para aplicar el arte de no hacer nada y que no me dé cargo de conciencia. Tal vez ya puedo bajarle un poco al esfuerzo.

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