Estamos paseando con los niños y la interacción es fácil. Como si viviéramos juntos… La verdad es que se hace rico andar con ellos cuando están de buenas. La relación fluye, nos molestamos sin ser groseros, caminamos juntos.
El problema de la vida moderna es que tenemos menos oportunidad de apreciar a una familia extendida y compartimos menos con muchas personas. Nos quedamos en núcleos muy reducidos. Pero eso nos hace aún más conectados, cuando se hacen bien las cosas. Una familia pequeña, bien avenida, es una cosa maravillosa. Y tiene mucho qué ver, irónicamente, con la cantidad de libertad que les da uno a los hijos para ser ellos.
Los míos son ellos mismos, radicalmente. Y son tan simpáticos que me gozo cada minuto que compartimos. Sobre todo porque sé que probablemente no me queda mucho.
