En diciembre (espero) tengo examen de karate otra vez. O tal vez en septiembre si todos los dioses de los antepasados de los japoneses que se inventaron las katas me acompañan. O no. La cosa es que ando en el rollo de tener que aprenderme las katas. Todas. Sobre todo las que me tocan. No me las sé.
No quiero hacer el ridículo así que busqué en YouTube y, obvio allí está. Pero el campeón que está en el video me da la carita y tengo que hacer la conversión de espejo para adivinar qué pierna mover en dónde. Nada sustituye ir a la clase.
Se pueden aprender muchísimas cosas a distancia. Es más, ahora muchas carreras deberían poder ser completamente virtuales, sobre todo las que tienen que ver con programación y esas cosas. En teoría, podríamos no tener que salir de nuestras casas, con todo lo que llevan a domicilio, las conversaciones por deemes y los videos de viajes.
Pero no. Creo que la modernidad nos da una opción para las soledades demasiado cómoda y, como siempre, nos vamos al extremo. Perdemos contacto con el mundo de afuera, dejamos de hablar y creemos que todo lo podemos aprender en una pantalla. No. Nou. Nein.
La raza humana es esencialmente social y sin ese contacto perdemos. Los sentimientos sólo hacia adentro no son buenos, hay que sacarlos y compartirlos. Las mejores novelas son las que se leen. Los mejores cuadros los que se miran. De nada sirven genios que mueran en el incógnito.
Y de nada me sirve saberme los movimientos de la kata si no me la califican.
