Y tengo ropa que no uso en mucho tiempo. Supongo que alguna no la volveré a usar y, si la suscripción expiró y hasta ahora, meses después, me doy cuenta, es que tampoco usaba mucho el servicio. Para ser una persona tan antojadiza, he tenido que aprender a frenar mis impulsos acaparadores. Regresé más de una vez a casa con otro bote de esmalte del mismo color que los cinco que ya tenía. Y ya tengo bastante más de un año de no pintarme las uñas.
Las cosas que no se usan, hay que dejarlas ir. Y concentrarse en lo que sí necesitamos siempre. Admito que tengo medias caladas como para no repetir en mucho tiempo y siempre quiero más. Pero no compro. Y que por otro lado no tengo cargo de consciencia para comprar libros. Ésos nunca van a ser gastos inútiles.
Dejaré que se expiren las suscripciones de cosas que no me importan realmente. Y, tal vez, me ponga la ropa que no uso. Quién me impide andar de largo y tacones en casa.
