Ya pasó la fiesta, la Navidad, el Año, hasta el lunes. La semana comienza adelantada, como si este nuevo año quisiera terminarse antes de empezar. Pero hay un día después del otro, como siempre y allí no hay nada nuevo. O tal vez es que todo siempre es nuevo y por eso ya no nos sorprende.
Hace apenas unos siglos, los almanaques profetizaban hasta el clima, le recordaban a los granjeros cuándo plantar, les decían a las mujeres las fases de la luna. Ahora todo eso lo llevamos en la mano, más inmediato, no sé si por eso más ordenado.
Vivir implica esperar con fe que lo que uno planifica, se va a cumplir. Agarrarse a la rutina para sobrellevar los sobresaltos de existir. Y saber que mañana hay otro día igual de nuevo que el de ayer.
