Una buena historia

Nos contamos historias de todo. Con hechos o ideas o especulaciones. Pero la forma de entender la vida es narrándola. Con los niños hacemos a veces el juego de inventarnos las vidas de las personas a nuestro alrededor, sobre todo si estamos aburridos.

Pongan a tres autores de distintos géneros a que escriban un libro con los mismos hechos y verán cómo dan resultados completamente distintos. Hasta terror puede salir de una concatenación macabra. Pero todo es el punto de vista. La base es la misma, no cambia.

Aunque yo no soy “irremediablemente optimista”, sí cuento historias. Entiendo que la forma no cambia el fondo, pero definitivamente sí la sensación que uno tiene. Hasta las circunstancias más terribles se pueden suavizar con una buena capa de redimensión. Al menos se entretiene uno haciéndolo.

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