Un rompecabezas

Me falta una pieza del rompecabezas de mil que estoy armando. Es primera vez que hago uno, al menos que yo recuerde y hay una cualidad meditativa en la repetición de patrones que son casi iguales, pero no.

Eso de encontrar la pieza que se parece a la que va y que no entra es igual que cualquier situación que queremos forzar. Pero, al contrario de estas figuras de cartón, nosotros tenemos la capacidad de moldearnos para encajar en donde queramos. La cuestión es ¿hasta dónde queremos cambiar? ¿Cuánto de nuestro verdadero yo quedaría si nos transformamos? ¿O somos como cualquier bicho alado que se derrite dentro de su crisálida y se convierte en una palomilla? (Me gustan las palomillas, vean fotos de esas cosas de cerca.)

Al final de la travesía, toca escoger con qué nos quedamos para ser quienes somos. Y, si no cabemos en un lugar y no estamos dispuestos a cambiar, mejor no forzarlo. Pero, lo más importante, es saber que aunque falten unas piezas, el dibujo igual se entiende.

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